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“¡AGUA A LAS CUERDAS!” LA IMPORTANCIA DEL LÍDER

Quien haya visitado Roma o haya visto una foto de la plaza de San Pedro, podrá recordar que en el centro de la plaza de San Pedro hay un hermoso obelisco de origen egipcio, de 25 metros de altura que antiguamente formaba parte del Circo de Gaio, el cual se encontraba a un costado de la actual basílica de San Pedro.

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“¡AGUA A LAS CUERDAS!” LA IMPORTANCIA DEL LÍDER

Quien haya visitado Roma o haya visto una foto de la plaza de San Pedro, podrá recordar que en el centro de la plaza de San Pedro hay un hermoso obelisco de origen egipcio, de 25 metros de altura que antiguamente formaba parte del Circo de Gaio, el cual se encontraba a un costado de la actual basílica de San Pedro.

  (Cfr. Punto negro señalado con una flecha en el croquis).

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En el año 1586, el papa Sixto V ordenó que se moviera al centro de la plaza, como lo conocemos actualmente. El 10 de septiembre de ese año, 900 hombres, con 150 caballos, decenas de poleas y cientos de metros de cuerda se dispusieron a mover las 350 toneladas que pesa el obelisco.

El movimiento era complejo, el peso, la altura y 4000 años de antigüedad lo hacían delicado. Por ello, el Papa dio la orden hacer toda la maniobra en absoluto silencio, bajo pena de muerte. La maniobra se llevaba a cabo en completo silencio, empezaron a izar el tremendo obelisco, pero dada la fricción las sogas empezaron a echar humo. Existía el peligro de que se rompieran y el obelisco se viniera abajo aplastando a decenas de obreros.

Sin embargo, nadie se atrevía a decir nada con temor a ser castigado. De repente un gran grito resonó en toda La Plaza de San Pedro: “¡Agua a las cuerdas!”. Era el capitán Bresca, marinero de Liguria, quien sabía que las cuerdas de cáñamo se rompen si no se las enfría. Se arriesgó, tomó el liderazgo y, sin temor a ser ahorcado, alzó su voz para salvar no solo el obelisco, sino todas las vidas que estaban en peligro.

La maniobra se culminó. El Papa observaba todo. Al finalizar, mandó llamar al marinero y en lugar de castigarlo, fue premiado concediéndosele a él y a sus descendientes el poder vender en exclusiva las palmas de Domingo de Ramos.

Hay ocasiones, en donde es importante pegar un grito para salvar vidas, es importante arriesgar el cuello para hacer lo correcto. Eso es lo que hace un líder. Hoy por hoy no tenemos un capitán Bresca que sepa dar un grito, las cuerdas se están calentando de más, sea por hechos reales o no, pero se están calentando. Si se cae el obelisco llamado México… las consecuencias van a ser muy graves porque nadie se animó a gritar “¡Agua a las cuerdas!”

Liderago, historia, analogía, contexto actual.

 

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