Recuerdo que mi padre, hombre callado, de pocas palabras y buenos sentimientos, cuando se sentaba a la mesa, dejaba los platos absolutamente limpios.
Prácticamente no recuerdo si alguna vez pidió servirse algo más. En alguna ocasión en la que se le preguntó; - te quedaste con hambre? – el respondió; - no sabes lo que es el hambre –
Durante su adolescencia estalló la guerra civil en España. Tampoco hablaba de eso y yo no sabía el por qué en ocasiones le gustaba cenar solo un pedazo de pan con cebolla cruda, que rumiaba con sus pensamientos y en silencio. Años después de su fallecimiento, de viejo, por otros familiares fue que supimos de la cueva.
Vivían en el norte del principado de Asturias, en las tierras del abuelo había una cueva en la que llegaron a pasar hasta 16 días, callados y atentos por turnos mientras el abuelo o alguno de ellos, salía en la noche a buscar que comer y regresaba con vida y con cebollas.
Con la situación actual, el confinamiento sanitario, he recordado con cariño esa dura lección que nos dio sin dárnosla. He tratado, a veces sin éxito, de transmitir a mi hija lo que significa la economía de guerra.
Hoy comenzó una de las primeras manifestaciones del problema real. Acá donde vivimos hoy escaseó el agua. Sé que no será para siempre y que la situación, con las debidas distancias, no es tan grave. Tomar baños rápidos procurando cerrar el paso de agua en tanto se aplica el jabón, es un hábito que hoy debe ser obligación, no solo por los de casa, si falta aquí, falta al vecino.
Evitar a toda costa el desperdicio de alimentos. Deja de ser el molesto “no me gusta esto” para ser ofensivo y más en el entendido de que hay personas que de verdad pueden llegar a pasarla mal. Decir que estamos aburridos es, con todo respeto, irreverente y grosero. Hacer bromas y memes alivia la tensión ciertamente, pero es demostrar que extrañamos hábitos que dábamos por sentado y que falta comprender que estamos en una situación que nos rebasa. Nos guste o no, hay un enemigo, tenemos costos, heridos y bajas. Se llama guerra.
No veo necesidad en este escrito de mencionar las consecuencias de las decisiones de las autoridades. Sería quizás redundantemente aburrido.
La realidad es la que estamos viviendo, ya nos alcanzó. El enemigo ingresó en el perímetro y está en todos nosotros evitar el avance. No tiene intensiones de matarnos, en su forma de sobrevivir nos mata, sin emociones, sin furia, sin saberlo.
Quedarnos en casa, evitar el contacto, atender las indicaciones y sobre todo, evaluar la experiencia de los países que ya fueron victimizados. Mantener la disciplina y valorar la economía de guerra. Cuida el agua, los suministros, la higiene y la cordura. Como siempre, habrá tiempo después para deslindar responsabilidades.
Si decides quedarte con algo de hambre hoy, la lección te servirá por si te tienes que quedar con algo de hambre mañana.