Recordando las experiencias de este último año, y algunos meses atrás la palabra que viene a mi mente es: humo.
Humo y espejos, como los magos que crean falsas imágenes,
que se aprovechan del sentido de asombro y la necesidad de creer para hacer una imagen falsa.
Crearon ideas falsas y falsearon la información verdadera para crear gente que sólo ve lo que quieren creer.
El engaño, las promesas y los trucos son la base de la cuarta, pero como en esos espectáculos es lo que la gente quiere ver, la gente quiere ser engañada y defienden el truco.
Humo negro, espeso y denso que huele a centenarios, longaniza, acusaciones y llanta.
Las cajas chinas, los engaños, las cortinas son marca de este gobierno. Maximizan cualquier evento y lo hacen relevante para esconder una u otra cosa.
Crean personajes, cambian hechos y siguen haciendo trucos de magia.
Hasta sus errores usan para desviar la atención.
El humo y los espejos pasó a ser humo denso y maloliente para esconder las intenciones, de un arte del engaño a constantes, pero burdos ataques.
La gente también cambió, cambió de tener esperanza y fe a tener rencores.
El humo ahora es asfixiante.
Envalentona a las masas para atacar todo lo que es diferente, a todo lo que contradice y exige, el humo es ahora un narcótico que mantiene el estado de estupor y el aire de autoasfixia, de autovalidación de ver sólo lo que está permitido.
A través del humo distorsionador se cree que todo es falso a menos que lo diga el chamán de los otros datos.
A menos que se les permita ver a través de los velos que el vaho delimita.
Los proyectos también se han hecho humo.
El crecimiento pequeño pero sostenido es ahora una memoria que se disipa en el viento.
La confianza se ha ido también, los caprichos llenan el horizonte y el gobierno se aferra a ellos aunque sabe que no son factibles.
El humo es ahora tóxico derivado del crudo y carbón que hacen que regresan como combustibles de una economía que ya probó su caducidad.
Es el humo del huachicol que sigue plagando la industria, pero se empeñan en negar.
De los calcinados de Tlahuelilpan y las esperanzas de diversificar la economía.
Todo se va con el fuego purificador, pero este no es fuego normal, es denso, es químico y tóxico.
Tóxico como el humo que emana de las patrullas y agentes calcinados.
De los operativos fallidos y de los 36,000 muertos del año más violento de la historia.
El humo de las armas, de pólvora y cordita.

Las partículas que se aferran a una mano que jaló el gatillo que acabó con una vida.
La misma mano que no es perseguida por el gobierno que juró proteger a su gente.
SI algo ha sido permanente es el humo.
Humo de distorción, destrucción, dolor y contaminación.
Humo de desesperación y de efímeros sueños.
Humo de muerte.
Sólo humo.