Después de haber vivido el año más violento de la historia, con 34,582 muertes violentas en nuestro país, me pregunto: ¿Vale la pena revisar la pena de muerte en México?
El libro de libros, la Biblia, marca en Éxodo 21:24 que: Si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.…
El nuevo testamento nos da una idea de que, desde tiempos inmemoriales, el cobro de factura por tomar una vida, podría ser la vida misma. Sí nos remontamos a la edad media, las ejecuciones de personas con diversos métodos estaban a la orden del día; con la salvedad de que las causas no siempre fueron justas.
La Santa Inquisición, fundada en 1184, se hizo cargo de enforzar las reglas y leyes católicas en la antigua Europa, destacadamente, en España. Entre los cargos más comunes se encontraban: brujería, herejía, renegar de Dios y magia negra, y las ejecuciones no eran de lo más agradable: El Garrote Vil, decapitación, y la hoguera entre otras. Más adelante, durante la época de los reinados, no solo se utilizó la ejecución a manera de castigar faltas religiosas, sino políticas, resultando en decapitaciones o ahorcamientos por traición o motivos políticos.
Volvamos a la pregunta que nos trajo hasta aquí, ¿Vale la pena instaurar la pena de muerte en nuestro país?
Dividamos nuestra pregunta en 2 partes: el razonamiento lógico de la pena máxima, y el que se tendría que hacer para llegar hasta allá.
El Máximo castigo
Tomar una vida innecesariamente, por la razón que sea además de ser un delito representa un dilema ético. ¿Qué fue tan fuerte, tan grande y tan poderoso para que alguien decidiera extinguir la vida de otra persona?, y de nuevo nos referimos a la Biblia y su Sexto mandamiento para demostrar que desde tiempos inmemoriales el matar a otra persona se consideraba algo errado.
La Constitución, en su artículo 22, marca de manera más o menos clara que: Quedan prohibidas las penas de muerte, de mutilación, de infamia, la marca, los azotes, los palos, el tormento de cualquier especie, la multa excesiva, la confiscación de bienes y cualesquiera otras penas inusitadas y trascendentales. Toda pena deberá ser proporcional al delito que sancione y al bien jurídico afectado. Critico la claridad de la misma, ya que el párrafo que cita la proporcionalidad de la pena, debería de considerar la extinción de la vida por causa justa, ojo por ojo, pues.
Solo como marco de referencia, este fin de semana fueron ejecutados en Guanajuato 12 personas por parte del crimen organizado, entre ellos 2 niños de 3 y 5 años. Piense el lector otra vez antes de ofrecer el pretexto de que los ejecutados andaban en “la cochinada”: 3 y 5 años, niños.
¿Tendrá un asesino de niños en el sistema penitenciario mexicano la posibilidad de rehabilitarse para posteriormente reintegrarse a la sociedad?
Lo que nos lleva a la segunda parte de nuestra pregunta:
Cómo sancionar las penas
¿Cómo, quiénes y cuándo sancionarían estas penas en un sistema judicial donde un día sí y otro también nos enteramos de las barbaridades, arbitrariedades y corruptelas de los jueces mexicanos?
Para quienes hemos experimentado de primera mano el sistema judicial mexicano, sabemos que, “Con dinero baila el perro”.
Y sabemos que con facilidad un juez, digamos, de apellido Padierna, pudiera aceptar en conjunto con la procuraduría pruebas falsas para atorar a enemigos políticos del régimen. No es que haya pasado antes, ¿verdad?
La justicia en México es todo menos justa, con larguísimos procesos que rematan en altas cuentas de abogados, poner en manos la vida de una persona en un sistema judicial corrupto como el actual sería poco menos que inhumano, constituye un crimen per sé.
Al estar consagrado expresamente la prohibición de ejecuciones en nuestra Carta Magna, sería necesario el 66% de los votos de la cámara de senadores, además de aprobarse por 17 Congresos Estatales para hacer una enmienda constitucional, y de ahí, tendríamos que platicar de las leyes secundarias que marcarían método y forma de dichos procedimientos. Nada fácil.
En resumen:
Ante el estado actual del país, ¿es necesario reinstaurar la pena de muerte?... sí, definitivamente sí.
¿Es fácil, estamos listos?... no.